Recapitulación

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Conclusión.

“El que no está

conmigo está

contra mí; y el

que no recoge

conmigo

desparrama.” LC 11, 15-26


Decía Moisés al pueblo

Deuteronomio 29

1 Moisés convocó a todo Israel y les dijo: Vosotros visteis todo lo que Yahveh hizo a vuestros propios ojos en Egipto con Faraón, sus siervos y todo su país:

2 las grandes pruebas que tus mismos ojos vieron, aquellas señales, aquellos grandes prodigios.

3 Pero hasta el día de hoy no os había dado Yahveh corazón para entender, ojos para ver, ni oídos para oír.


Porque fue Cristo quién vino a abrir los ojos a los ciegos, el oído a los sordos y hacer hablar a los mudos:

Si Yo, con el Dedo de Dios arrojo a los demonios es que el reino de Dios ha llegado a vosotros”.

Cristo  nos lo enseña todo, nos da su Espíritu, en Él todo tiene sentido:

En Él somos, existimos. nos movemos,

y vivimos ….sólo Él, Dios, es origen y meta del universo.


El que no está conmigo está contra mi, el que no recoge conmigo desparrama. (Lc.11,15)


y…hasta el día de hoy::.. Si hoy escucháis su voz no endurezcáis el corazón

…Porque la Voluntad de Dios no es la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. (Cf.Ez.)

Cristo decía: el que me sigue no anda en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida” . y —el que cree en mi no morirá jamás.”

Cristo mismo se ha exhibido claramente ante la humanidad entera, como Dios, como único Salvador, dador de Vida y muerte,  por su Espíritu y por su Palabra.

Se ha exhibido como Sentido total de la Creación que yace sometida a la corrupción hasta que se manifiesten totalmente transfigurados los hijos de Dios y aparezcan en todo su esplendor las maravillas de Dios realizadas en Cristo Jesús, y por Él en sus santos y elegidos.

Así, pues, la justificación nos viene de la fe en Cristo, el Hijo Eterno del Padre, descendencia de Abrahán, encarnado en una carne pecadora como la nuestra, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para liberarnos… y rescatar a los que estaban bajo la ley, esclavizados por el pecado y el temor a la muerte, vendidos al poder del Diablo…

como se dice en Gal. 4,7:

Pero, cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba!» (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Ya es hora pues de creer en Cristo Jesús, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, para ser revestidos de su gloria:

“Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, porque todos sois uno en Cristo Jesús.

Por tanto: Vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas. “Porque todos sois uno en Cristo Jesús”.

Él, sólo Él, lo ha llevado a cabo… y ha querido hacerlo a través de una medianera de todas sus gracias: Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, figura preclara de la Iglesia que es esposa de Cristo, por la cual distribuye en su acción evangelizadora y sacramental la gracia que nos santifica.

¿Para qué?

«Todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn 11, 26)

¿Significa esto sólo un vivir como ahora o más?

37. La vida que el Hijo de Dios ha venido a dar a los hombres no se reduce a la mera existencia en el tiempo. La vida, que desde siempre está «en él» y es «la luz de los hombres» (Jn 1, 4), consiste en ser engendrados por Dios y participar de la plenitud de su amor: «A todos los que lo recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; el cual no nació de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios» (Jn 1, 12–13).


San Atanasio resume hermosamente la verdadera Historia de Dios con los hombres.

Lo hace así, en sus escritos sobre “La Encarnación del Verbo”:

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Es lo que la divina Escritura pronostica, hablando por boca de Dios: comerás de todo árbol que hay en el paraíso, pero no comáis del árbol del conocimiento del bien y del mal; el día que comáis de él, moriréis de muerte (Gn 2,16-17). Éste “moriréis de muerte” no quiere decir solamente moriréis, sino permaneceréis en la corrupción de la muerte (…).

Por esta razón el incorpóreo e incorruptible e inmaterial Verbo de Dios aparece en nuestra tierra. No es que antes hubiera estado alejado, pues ninguna parte de la creación estaba vacía de Él, sino que Él llena todos los seres operando en todos en unión con su Padre.

Pero en su benevolencia hacia nosotros condescendió en venir y hacerse manifiesto. Pues vio al género racional destruido y que la muerte reinaba entre ellos con su corrupción; y vio también que la amenaza de la transgresión hacía prevalecer la corrupción sobre nosotros y que era absurdo abrogar la ley antes de cumplirla; y vio también qué impropio era lo que había ocurrido, porque lo que Él mismo había creado, era lo que pereció; y vio también la excesiva maldad de los hombres, porque ellos poco a poco la habían acrecentado contra sí hasta hacerla intolerable.

canto>>>

Vio también la dependencia de todos los hombres ante la muerte, se compadeció de nuestra raza y lamentó nuestra debilidad y, sometiéndose a nuestra corrupción, no toleró el dominio de la muerte, sino que, para que lo creado no se destruyera, ni la obra del Padre entre los hombres resultara en vano, tomó para sí un cuerpo y éste no diferente del nuestro.

Pues no quiso simplemente estar en un cuerpo, ni quiso solamente aparecer, pues si hubiese querido solamente aparecer, habría podido realizar su divina manifestación por medio de algún otro ser más poderoso. Pero tomó nuestro cuerpo, y no simplemente esto, sino de una virgen pura e inmaculada, que no conocía varón, un cuerpo puro y verdaderamente no contaminado por la relación con los hombres.

En efecto, aunque era poderoso y el Creador del universo, prepara en la Virgen para Sí el cuerpo como un templo y lo hace apropiado como un instrumento en el que sea conocido y habite.

Y así, tomando un cuerpo semejante a los nuestros, puesto que todos estamos sujetos a la corrupción de la muerte, lo entregó por todos a la muerte, lo ofreció al Padre, y lo hizo de una manera benevolente, para que muriendo todos con Él se aboliera la ley humana que hace referencia a la corrupción(porque se centraría su poder en el cuerpo del Señor y ya no tendría lugar en el cuerpo semejante de los hombres), para que, como los hombres habían vuelto de nuevo a la corrupción, Él los retomara a la incorruptibilidad y pudiera darles vida en vez de muerte, por la apropiación de su cuerpo, haciendo desaparecer la muerte de ellos, como una caña en el fuego, por la gracia de la resurrección.




Pero yo No puedo resumir el “panorama general” del sentido de la vida y del Universo entero en a penas cuatro palabras, tal como yo lo entiendo, fundado en la Palabra de Dios, en la fe recibida de Dios como don en la Iglesia, en comunión con ella y con todos los santos, a través de su predicación, de la doctrina y el Magisterio asistido por el Espíritu Santo y en plena libertad como persona humana, creada a imagen de Dios.

No acierto a descifrar “las palabras” adecuadas, no encuentro el “sonido profundo” que saquen a la luz y penetre en el alma la melodía de la “VERDAD, con su sabor, su delicioso sabor,y su hermosura incomparable, para que el hombre exclame al probarla:”Que delicia, que inmenso gozo, el Amor de Dios a los hombres”.

Pero me siento obligado a hacerlo: “Creí y por eso hablé”.

Dios, por su inmenso Amor, creó al hombre del polvo de la tierra y soplando sobre él le infundió su espíritu de vida y vino a ser alma viviente………..hombre y mujer los creó, a su imagen y semejanza, dotado de auténtica libertad….., para lo cual lo hizo inteligente, …..con conciencia de sus actos para hacer el bien y rechazar el mal. (Cf.Gn)

En este escenario de libertad el hombre fue tentado. Pero Dios lo instruyó ( como dice el salmo: Yo te instruiré, te tomaré de la mano y te guiaré…) …para que conociera el bien y lo procurara: Puedes comer de todo, mas del árbol que está en medio del jardín No comerás… guárdate de comer su fruto porque el día que comieres morirás, ciertamente morirás, morirás sin remedio.

A pesar de haber sido instruido en la Verdad, el hombre, en Adán y Eva, toda la humanidad existente entonces en ellos, prefirió dar oído a la mentira, abrió su alma a la mentira del diablo: No morirás, sino que serás como Dios, conocedor del bien y del mal.

Es la insinuación fascinante del diablo: Desobedecer a Dios no es malo, sino una nueva experiencia que te conducirá a SER como Dios….todopoderoso... Sugestivo, provocador, potente seducción para el corazón humano, ofuscador de la mente con la “idea” del placer inmediato: hacer lo que me de la gana, guste o no a mi Padre Dios, mi Creador bueno.. ¡¿Qué sabrá ese Dios lo que es bueno para mí?!

Así, el hombre presta oídos a la maldad y los cierra a la voz de Dios.

Canto>>>

Cristo ha venido a abrir otra vez los oídos de los sordos a la voz de Dios……

¿para que?:

“si hoy escucháis su voz, no endurezcáis el corazón……como el día de la tentación en el jardín del Edén. No sea que al dar oídos otra vez al diablo…mueras ya sin remedio. Pues después de Cristo, ya no hay otro remedio.

Mas, después que el hombre pecó y fue abocado a la muerte perdiendo la vida recibida,…en su “semejanza con Dios”,… Dios no lo abandonósino que, con inmenso Amor, se propuso redimirlo, liberarlo del poder de la muerte, del pecado, y se propuso perdonarlo y justificarlo y mucho más…… “tengo proyectos de Vida para ti y no de muerte”

PUES CON AMOR ETERNO TE AME.

Y lo hizo tan admirablemente en Cristo Jesús, Nuestro Señor, que dejó boquiabiertos a cielos y tierra, ángeles y demonios, potestades todas y al universo entero……

Lo expresan con toda sencillez y hermosura los santos y humildes de corazón en palabras de los Santos Padres que nos precedieron:

La Historia real, lo que sucedió, sucede y sucederá como historia verdadera que Dios  ha realizado, realiza y realizará en la humanidad, la describen así de hermosa el  Obispo Teodoreto de Ciro y Edhit Stein (Sta.Teresa Benedicta de la Cruz)

El ObispoTeodoreto lo expone así:

Del tratado de Teodoreto de Ciro, Obispo, sobre la encarnación del Señor

Nums. 26-27

Jesús acude espontáneamente a la pasión que de él estaba escrita y que más de una vez había anunciado a sus discípulos, increpando en cierta ocasión a Pedro por haber aceptado de mala gana este anuncio de la pasión, y demostrando finalmente que a través de ella sería salvado el mundo. Por eso, se presentó él mismo a los que venían a prenderle, diciendo: Yo soy a quien buscáis. Ycuando lo acusaban no respondió, y, habiendo podido esconderse, no quiso hacerlo; por más que en otras varias ocasiones en que lo buscaban para prenderlo se esfumó.

Además, lloró sobre Jerusalén, que con su incredulidad se labraba su propio desastre y predijo su ruina definitiva y la destrucción del templo. También sufrió con paciencia que unos hombres doblemente serviles le pegaran en la cabeza. Fue abofeteado, escupido, injuriado, atormentado, flagelado y, finalmente, llevado a la crucifixión, dejando que lo crucificaran entre dos ladrones, siendo así contado entre los homicidas y malhechores, gustando también el vinagre y la hiel de la viña perversa, coronado de espinas en vez de palmas y racimos, vestido de púrpura por burla y golpeado con una caña, atravesado por la lanza en el costado y, finalmente, sepultado.

Con todos estos sufrimientos nos procuraba la salvación. Porque todos los que se habían hecho esclavos del pecado debían sufrir el castigo de sus obras; pero él, inmune de todo pecado, él, que caminó hasta el fin por el camino de la justicia perfecta, sufrió el suplicio de los pecadores, borrando en la cruz el decreto de la antigua maldición. Cristo –dice san Pablo– nos rescató de la maldición de la Ley, haciéndose por nosotros un maldito, porque dice la Escritura: «Maldito todo el que cuelga de un árbol». Y con la corona de espinas puso fin al castigo de Adán, al que se le dijo después del pecado: Maldito el suelo por tu culpa: brotará para ti cardos y espinas .

Con la hiel, cargó sobre sí la amargura y molestias de esta vida mortal y pasible. Con el vinagre, asumió la naturaleza deteriorada del hombre y la reintegró a su estado primitivo. La púrpura fue signo de su realeza; la caña, indicio de la debilidad y fragilidad del poder del diablo; las bofetadas que recibió publicaban nuestra libertad, al tolerar él las injurias, los castigos y golpes que nosotros habíamos merecido.

Fue abierto su costado, como el de Adán, pero no salió de él una mujer que con su error engendró la muerte, sino una fuente de vida que vivifica al mundo con un doble arroyo; uno de ellos nos renueva en el baptisterio y nos viste la túnica de la inmortalidad; el otro alimenta en la sagrada mesa a los que han nacido de nuevo por el bautismo, como la leche alimenta a los recién nacidos.

Continuación:

Oficio de lectura, XIX Martes del tiempo ordinario

Sus cicatrices nos curaron

Teodoreto de Ciro, Sobre la encarnación del Señor

Núm 28

Los sufrimientos de nuestro Salvador son nuestra medicina. Es lo que enseña el profeta, cuando dice: Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas; por esto, como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.

Y, del mismo modo que el pastor, cuando ve a sus ovejas dispersas, toma a una de ellas y la conduce donde quiere, arrastrando así a las demás en pos de ella, así también la Palabra de Dios, viendo al género humano descarriado, tomó la naturaleza de esclavo, uniéndose a ella, y, de esta manera, hizo que volviesen a él todos los hombres y condujo a los pastos divinos a los que andaban por lugares peligrosos, expuestos a la rapacidad de los lobos.

Por esto, nuestro Salvador asumió nuestra naturaleza; por esto, Cristo, el Señor, aceptó la pasión salvadora, se entregó a la muerte y fue sepultado; para sacarnos de aquella antigua tiranía y darnos la promesa de la incorrupción, a nosotros, que estábamos sujetos a la corrupción. En efecto, al restaurar, por su resurrección, el templo destruido de su cuerpo, manifestó a los muertos y a los que esperaban su resurrección la veracidad y firmeza de sus promesas.

«Pues, del mismo modo –dice– que la naturaleza que tomé de vosotros, por su unión con la divinidad que habita en ella, alcanzó la resurrección y, libre de la corrupción y del sufrimiento, pasó al estado de incorruptibilidad e inmortalidad, así también vosotros seréis liberados de la dura esclavitud de la muerte y, dejada la corrupción y el sufrimiento, seréis revestidos de impasibilidad. »

Por este motivo, también comunicó a todos los hombres, por medio de los apóstoles, el don del bautismo, ya que les dijo: Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El bautismo es un símbolo y semejanza de la muerte del Señor, pues, como dice san Pablo, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.

Canto>>>



Y lo recapitula  así Sta. Teresa Benedicta (Edhit Stein)

Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edit Stein).

Del libro «La Ciencia de la Cruz»

Cristo se sometió al yugo de la ley, guardando plenamente la ley y muriendo por la ley y por medio de la ley. Liberó, por ello, a los que desean recibir la vida. Pero no la pueden recibir, salvo que ellos mismos ofrezcan la suya propia. Porque los que han sido bautizados en Cristo Jesús, en su muerte han sido bautizados. Son sumergidos en su vida para devenir miembros de su cuerpo y padecer y morir con él, como miembros suyos.

Esta vida vendrá abundantemente en el día glorioso, pero ya ahora, mientras vivimos en la carne, participamos de ella, si creemos que Cristo ha muerto por nosotros para darnos la vida. Con esta fe nos unimos con él como los miembros se unen con su cabeza; esta fe nos abre a la fuente de su vida.

Por eso, la fe en el Crucificado, es decir, esa fe viva que lleva aparejada un amor entregado, viene a ser para nosotros puerta de la vida y comienzo de la gloria; de ahí que la Cruz constituya nuestra gloria: Fuera de mí gloriarme en otra cosa que no sea la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.

Quien elige a Cristo ha muerto para el mundo y el mundo para él. Lleva en su cuerpo los estigmas de Cristo, se ve rodeado de flaquezas y despreciado por los hombres, pero, por este mismo motivo, se halla robusto y vigoroso, ya que la fuerza de Dios resplandece en la debilidad.

Con este conocimiento, el discípulo de Jesús no solo acoge la cruz sobre sus espaldas, sino que él mismo se crucifica en ella. Los que son de Jesucristo han crucificado la carne con sus vicios y concupiscencias. Lucharon un duro combate contra su naturaleza a fin de que la vida del pecado muriese en ellos y poder así dar amplia cabida a la vida en el Espíritu. Para esta pelea se precisa una singular fortaleza.

Pero la Cruz no es el fin; la Cruz es la exaltación y mostrará el cielo. La Cruz no sólo es signo, sino también invicta armadura de Cristo: báculo de pastor con el que el divino David se enfrenta contra el malvado Goliat; báculo con el que Cristo golpea enérgicamente la puerta del cielo y la abre. Cuando se cumplan todas estas cosas, la luz divina se difundirá y colmará a cuantos siguen al Crucificado.

R/. Estoy crucificado con Cristo: Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Que me amó hasta entregarse por mí.

V/. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios.

R/. Que me amó hasta entregarse por mí.



Pero San Bernardo dice:

Grita el mundo, me oprime el cuerpo, el diablo me pone asechanzas, pero yo no caigo, porque estoy cimentado sobre piedra firme. Si cometo un gran pecado, me remorderá mi conciencia, pero no perderé la paz, porque me acordaré de las llagas del Señor.

Él, en efecto, fue traspasado por nuestras rebeliones.

¿Qué hay tan mortífero que no haya sido destruido por la muerte de Cristo?

Por esto, si me acuerdo que tengo a mano un remedio tan poderoso y eficaz, ya no me atemoriza ninguna dolencia, por maligna que sea…. (Sermón 61 cantar de los cantares)

Es lo que ya decía el salmo:

Como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles;

porque él conoce nuestra masa,

se acuerda de que somos barro. (sl.102)

Así lo canta la Iglesia Universal……con S. Pablo:

Por consiguiente, no hemos de avergonzarnos de la cruz del Salvador, sino más bien gloriarnos de ella. Porque el mensaje de la cruz es escándalo para los judíos, necedad para los gentiles, mas para nosotros salvación. Para los que están en vías de perdición es necedad, mas para nosotros, que estamos en vías de salvación, es fuerza de Dios. Porque el que moría por nosotros no era un hombre cualquiera, sino el Hijo de Dios, Dios hecho hombre.

Él no perdió la vida coaccionado ni fue muerto a la fuerza, sino voluntariamente. Oye lo que dice: Soy libre para dar mi vida y libre para volverla a tomar. Tengo poder para entregar mi vida y tengo poder para recuperarla.

Fue, pues, a la pasión por su libre determinación, contento con la gran obra que iba a realizar, consciente del triunfo que iba a obtener, gozoso por la salvación de los hombres; al no rechazar la cruz, daba la salvación al mundo. El que sufría no era un hombre vil, sino el Dios humanado, que luchaba por el premio de su obediencia. (S.Cirilo de Jerusalén)

Mas, nos detendremos un poco más a escuchar a San Ireneo… (libro 3 (contra herejes)

Dice: 3.4. El plan divino: la recapitulación

(Los herejes,dice)………”No ven que el mismo Verbo (Jn 1,1-3) Unigénito (Jn 1,18), que siempre está presente en la humanidad (Jn 1,10), uniéndose y mezclándose con su creatura según el beneplácito del Padre, y haciéndose carne (Jn 1,14), es el mismo Jesucristo nuestro Señor, que sufrió por nosotros y se despertó (egertheìs) por nosotros, y de nuevo vendrá en la gloria del Padre para resucitar a toda carne y para manifestar la salvación y para extender la regla del justo juicio a todos los que han sido hechos por él. Así pues, como hemos demostrado, hay un solo Dios Padre, y un solo Cristo Jesús nuestro Señor, el cual vino para la salvación universal recapitulando todo en sí (Ef. 1,10).

Porque el hombre es en todo criatura de Dios. Y por eso en sí mismo recapituló al hombre257, haciéndose visible el invisible, [926] comprensible el incomprensible, pasible el impasible, el Verbo hombre, para recapitular todas las cosas en sí mismo; para que, como el Verbo de Dios tiene el primado sobre las cosas sobrecelestes, espirituales e invisibles, así pueda tener el primado también sobre las cosas visibles y corporales (Col 1,18); para, al asumir en sí el primado, darse a sí mismo a la Iglesia como Cabeza (Ef 1,22); para atraer a sí todas las cosas en el tiempo oportuno (Jn 12,32).

16,7. Nada hay de desordenado ni de intempestivo en él, como tampoco sería esto congruente con el Padre. Porque el Padre preconoce todas las cosas, pero el Hijo las realiza a su debido tiempo según conviene. Por eso, cuando María lo apresuraba al admirable signo del vino, queriendo participar antes de tiempo de la copa de comunión (1 Cor 10,16-17),258 el Señor rechazó su prisa intempestiva diciéndole: «¿Qué para mí y para ti, mujer? Aún no ha llegado mi hora» (Jn 2,4), porque debía esperar la hora preconocida del Padre.

Por eso, como muchas veces los hombres quisiesen apresarlo, dice: «Ninguno le echó mano porque no había llegado la hora» (Jn 7,30) de su aprehensión, ni el tiempo de su pasión preconocido del Padre, como dice el profeta Habacuc: «Cuando lleguen los años serás reconocido, cuando llegue el tiempo te manifestarás, cuando mi alma esté turbada por tu ira, te acordarás de tu misericordia» (Hab 3,2). Y Pablo dice: «Cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo» (Gál 4,4).

Estos textos ponen en claro que todas las cosas que el Padre preconocía, nuestro Señor las realizó en el orden y tiempo y hora predeterminados y convenientes: éste es uno y el mismo, rico y múltiple, porque sirve a la voluntad rica y múltiple del Padre, siendo él el Salvador de aquellos que se salvan, el Señor de los que están sometidos a su señorío, Dios de las criaturas, Unigénito del Padre, el Cristo predicado y el Verbo de Dios encarnado cuando se cumplió el tiempo en el cual convenía que el Hijo de Dios se hiciese Hijo del Hombre.)”


Porque Cristo es nuestra justicia.

La justicia, que no ha podido lograr ningún hombre por el cumplimiento de la ley, ya que ésta se ha mostrado impotente para salvarnos, se ha desplazado a la fe. La fe en el Hijo de Dios que se hizo hombre bajando del cielo para salvar a los pecadores.

De esta bella manera lo expresa el Papa Benedicto XVI en el mensaje para la cuaresma 2010: Se entiende, entonces, como la fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo “mío”, para darme gratuitamente lo “suyo”.

Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia “más grande”, que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar…”

Así  lo resume y recapitula el Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes 37-….Pues el hombre, redimido por Cristo y hecho nueva creatura en el Espíritu Santo, puede y debe amar las cosas creadas por Dios. De Dios las recibe, y como procedentes continuamente de la mano de Dios, las mira y la respeta.

Por ellas da gracias a su Benefactor, y al disfrutar de todo lo creado y hacer uso de ello con pobreza y libertad de espíritu, llega a posesionarse verdaderamente del mundo, como quien no tiene nada, pero todo lo posee. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

La Palabra de Dios, por quien todo ha sido hecho, que se hizo a sí mismo carne y acampó en la tierra de los hombres, penetró como hombre perfecto en la historia del mundo tomándola en sí y recapitulándola. Él es quien nos revela que Dios es amor, y al mismo tiempo nos enseña que la ley fundamental de la perfección humana y, por consiguiente, de la transformación del mundo es el mandamiento nuevo del amor.

En consecuencia, a quienes creen en el amor divino les asegura que el camino del amor está abierto para el hombre y que el esfuerzo por restaurar una fraternidad universal no es una utopía. Les advierte, al mismo tiempo, que esta caridad no se ha de poner solamente en la realización de grandes cosas, sino, y principalmente, en las circunstancias ordinarias de la vida.

Al admitir la muerte por todos nosotros, pecadores, nos enseña con su ejemplo que hemos de llevar también la cruz, que la carne y el mundo cargan sobre los hombros de quienes buscan la paz y la justicia.

Constituido Señor por su resurrección, Cristo, a quien se ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, obra ya en los corazones de los hombres por la virtud de su Espíritu, no sólo excitando en ellos la sed de la vida futura, sino animando, purificando y robusteciendo asimismo los generosos deseos con que la familia humana se esfuerza por humanizar su propia vida y someter toda la tierra a este fin.


Así nos lo presenta la Palabra de Dios en Hb.1

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.


Pues es Dios quien lo ha escogido así.

“Porque ha escogido Dios lo humilde y lo pobre para confundir a los sabios

Satanás se rebeló contra Dios llevado por la Soberbia, al engreírse con lo que había recibido quiso ser más que Dios…

Esta rebelión fracasada en el cielo la trasladó a la tierra por la envidia de ver al hombre, pobre criatura, hecho a imagen de Dios.

Propuso a Eva, no ser más que Dios, sino como Dios, seduciéndola con la mentira de la grandeza, la independencia del poder, el placer de “probarlo todo” frente a la Palabra de Dios que antes le había mandado:

No comas del fruto del árbol que está en medio del jardín, árbol del bien y del mal, porque el día que comieres morirás sin remedio.

Pero Eva y Adán, tentados, vieron lo placentero, lo agradable que parecía el fruto y lo “apropiado” que parecía para obtener sabiduría. Y tomando el fruto, comió Eva y dio de comer a Adán……..y se les abrieron los ojos para ver que Dios no te limita con sus mandatos, sino que te “ilumina con su Palabra poderosa”……… se les abrieron los ojos y se dieron cuenta que no eran mas que hombres débiles, desnudos,… cuando se apartan de Dios

Así entró la muerte en el mundo para toda la humanidad…..la muerte espiritual, la pérdida de la amistad con Dios…

…”y fueron arrojados del Paraíso”.

Por eso Dios, nuestro Padre quiso salvarnos con la debilidad de Cristo: el que obedece la Voz del Padre y no la del diablo.

Cristo, que, siendo Dios, se hace el más humilde de los hombres, acepta el desprecio, el descrédito, todo lo humillante de

ser “rechazado” por los suyos, se hace manso, bueno, paciente……todo lo que parece débil al mundo, a la carne

y al diablo Pero obedece al Padre en todo…porque Dios no lo limita sino que lo engrandece y glorifica.

Así,  Cristo se hace nuestra justicia y es nuestra Victoria, por obediencia al Padre.

Por su obediencia en la Cruz, su humillación obediente, nos viene de Dios la Nueva Vida………… para toda la humanidad.

, todo fue creado por la Palabra, y por la fe en Cristo Jesús somos recreados en las aguas del bautismo.

Porque es su Gracia la que nos hace hijos suyos. Es el poder de Dios el que nos santifica por su Espíritu Santo …que ha sido derramado en nuestros corazones.

San Sofronio, obispo (Sermón 3) nos los describe de esta forma:

“También nosotros, representados por Simeón, hemos visto la salvación de Dios, que él ha presentado ante todos los pueblos y que ha manifestado para gloria de nosotros, los que formamos el nuevo Israel; y, así como Simeón, al ver a Cristo, quedó libre de las ataduras de la vida presente, así también nosotros hemos sido liberados del antiguo y tenebroso pecado.

También nosotros, acogiendo en los brazos de nuestra fe a Cristo, que viene desde Belén hasta nosotros, nos hemos convertido de gentiles en pueblo de Dios (Cristo es, en efecto, la salvación de Dios Padre) y hemos visto, con nuestros ojos, al Dios hecho hombre; y, de este modo, habiendo visto la presencia de Dios y habiéndola aceptado, por decirlo así, en los brazos de nuestra mente, somos llamados el nuevo Israel.

Esto es lo que vamos celebrando año tras año, porque no queremos olvidarlo.”


Se hace, pues, necesario aceptar a Cristo, porque aceptarlo a Él es escuchar la Voz del Padre y escuchar a Dios es conocer su voluntad para libremente cumplirla, por el Espíritu que nos ha sido dado. Perseverar en Cristo es vivir como vivió Él.

Mas, esta realidad no está ausente de lucha, todo lo contrario, diariamente somos “expuestos” ante el mundo en la Cruz de Cristo, pues si somos crucificados con Él, reinaremos con Él.

Pablo decía, Estoy crucificado con Cristo. Vivo yo, pero no soy yo, sino Cristo que vive en mí.

Ante el mundo, la carne y el demonio, esto es un fracaso….oír, escuchar al Padre te limita: (¿Cómo es que Dios os ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?).

Pero viene Cristo y nos ofrece el alimento verdadero, y dice:

este es mi cuerpo que se entrega por vosotros: COMED TODOS DE ÉL.

Dios nos ha prohibido el mal siempre, pues la maldad mata al malvado, nos ha dado el bien que libera, el Pan de la vida…que bajó del Cielo y da la Vida al mundo. Si quieres tener vida COME.con fe.

Él, Cristo, se ha acreditado así mismo con su palabra y con su vida, y también lo ha acreditado Dios ante todos los hombres entregándolo en la Cruz como nuestra justicia y RESUCITÁNDOLO como nuestra salvación. Si quieres tener vida COME DE ESTE FRUTO QUE ES TODO BUENO, es el árbol de la vida

Porque Dios ha hecho a Cristo para nosotros

“sabiduría, justicia, santidad y redención”.

Eso nos basta, nada más y nada menos, sólo tienes que aceptarlo de corazón:

COMED TODOS DE ÉL. BEBED TODOS DE ÉL.

Nada valen nuestras obras sino están, como el sarmiento a la vid, hechas en Cristo Jesús, Señor Nuestro: Sin mi no podéis hacer nada.

Y mucho menos entrar en el Cielo, pues sólo Él es quien puede decirte: Ven bendito de mi Padre,

PASA AL GOZO DE TU SEÑOR.

Amén.


Doy gracias a Dios Padre, por Jesucristo, Nuestro Señor, que nos ha confirmado con el don del Espíritu Santo, como hijos de Dios, poues lo somos.

Y quiero hacerlo con el Salmo 137:

Daré gracias a tu nombre, por tu misericordia y tu lealtad;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. .
Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.

Y le pido para todos los hombres de buena voluntad:   La Vida Eterna:

Que te conozcan a ti Padre y a tu enviado Jesucristo.(Jn)

Porque ciertamente:

«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá;

porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.” (Mt.7)





Creo, pues, que CRISTO NUESTRÑOR ES EL HIJO DE DIOS, EL MESÍAS SALVADOR, EL VERBO ETERNO DE DIOS, ENCARNADO EL SENO DE MARÍA VIRGEN POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO.
SÓLO ÉL ES EL CORDERO DE DIOS
QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO.

CREO en la Iglesia y con la Iglesia lo que expresa, muy hermosamente, el Concilio Vaticano. II  en la Gaudium.et Spes:

…”Sin embargo, ante la actual evolución del mundo, son cada día más numerosos los que se plantean o los que acometen con nueva penetración las cuestiones fundamentales: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos, subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?

Cree la Iglesia que Cristo, muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo, a fin de que pueda responder a su máxima vocación, y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que haya de encontrar la salvación.

Igualmente cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se hallan en su Señor y Maestro.

Afirma, además, la Iglesia, que bajo la superficie de lo cambiante hay muchas cosas permanentes,

que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer,

hoy y para siempre”.

Amén.





sigue2R>>>

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